Periodismo, ¿en serio?

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Están en las bocas de los tactiturnos las acusaciones de gravedad a la disciplina periodística. Dejo Constancia en las siguientes líneas de mi humilde defensa a la causa.

 

Hace unas semanas estaba tumbado en la cama peleando con el insomnio a eso de las tres de la mañana. Como en casi todas las veladas ganó sin lugar a dudas, por lo que me otorgué un premio de consolación viendo un par de vídeos en Youtube.Recordé en ese momento una recomendación de un buen amigo que me hizo la tarde anterior: “Jabu, si puedes mírate la entrevista a Iñaki Gabilondo en el hormiguero”.  No había cabida para la sorpresa, ya que cualquier material en el que sea Gabilondo es oro en medidas periodísticas. Y así fue, una conversación entre Motos y Gabilondo donde el segundo vislumbraba por cada palabra que decía.

Llegados a un punto de la entrevista, Iñaki Gabilondo hizo mención de la actitud de las personas, pesimistas en profusas ocasiones a su juicio y al mío también.  Acertó en muchas cosas Iñaki pero hubo una que mereció mi atención: “¿Periodismo? Uff” parafraseaba Iñaki a aquellos que se les decía que un servidor iba a empezar a estudiar el noble arte del cuarto poder y contestaban de una manera similar.

Uff. Esa es la onomatopeya, ese es el sonido del periodismo al principio del camino. Nadie confía en esta práctica, muchos no la creen a nivel ético y otros muchos no la creen a nivel profesional.Otros tantos ya la dan por perdida

Uff. Esa es la onomatopeya, ese es el sonido del periodismo al principio del camino. Nadie confía en esta práctica, muchos no la creen a nivel ético y otros muchos no la creen a nivel profesional.  Otros tantos ya la dan por perdida. Algunos rumorean que el periodismo ya no es lo que era, que ahora es fato y no le gustan las verdades, que por las noches se le ve de copas con diputados y por la mañana, de resaca, se le olvida contarlo. También cuentan que ya solo le mueve el dinero, que habla mal del vecino  pero luego esconde la mano. El otro día me dijeron que ya había comenzado su sepelio. Dicen por ahí.

Sin embargo yo soy el vecino entrevistado que le caía en gracia el asesino y que se ha quedado en shock al enterarse de la crónica. “No se le veía mal chico” suelo decir, así que en mi línea me mantengo respecto a este supuesto estafador. Sin él no conoceríamos los resultados de unas elecciones generales, no sabríamos que tejemanejes hay en el Congreso, quién era de verdad la asesina de aquel niño, la historia de un máster extraviado y la de una moción de censura anunciada. No sabríamos que 12 niños acaban de salir de una cueva en Tailandia sanos y salvos tras varios días encerrados, al igual que no tendríamos ni la más remota idea de que a unos cuantos kilómetros separan a los niños de sus padres por asuntos burocráticos. Tampoco tendríamos conocimiento de quién juega la final del mundial de fútbol, ni la de baloncesto, ni la de Wimbledon, ni la de ninguna disciplina deportiva. No hay que irse lejos en demasía, pues sin esta noble práctica no sabríamos tan siquiera lo que pasa en el pueblo de al lado. En fin. Nunca conoceríamos.

Sin duda el periodismo era un tipo singular y agradable que el mundo mató antes de tiempo

Yo me llevaba bien con el periodismo. Solíamos tomar café por las mañanas y alguna que otra cerveza por la tarde, siempre me contaba la última sobre el político de turno, las denuncias de un pueblo aquejado por el narcotráfico y las irregularidades de la administración en nuestra querida España. Parecía confiado a la hora de hablar, sin cavilaciones. Sin duda el periodismo era un tipo singular y agradable que el mundo mató antes de tiempo, pues si bien es verdad que la pela le perdía, él siempre sabía cuál era su oficio. Así que por último solo me queda contestar a la pregunta que lanzaba al principio: periodismo, ¿en  serio? Sí, y mucho además. El arte de informar es un arte. Un poco más feo, pero un arte como la copa de un pino.

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