La uberización es el capitalismo de hoy

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ace unos días, Rafa Mayoral, diputado de Unidos Podemos, daba un discurso en el Congreso de los diputados en el que cargaba de manera férrea contra empresas como Uber o Airbnb con motivo de las recientes movilizaciones convocadas por los taxistas de toda España. Empresas como las antes citadas son el demonio maquillado, según se podría interpretar de las palabras del diputado. Los sistemas económicos y fiscales de estas empresas vienen con la consignia de ser la nueva economía en la que los emprendedores son los protagonistas de la película. Sin embargo, lo único que traen estas nuevas estrategias son más desigualdad y competencia desleal a diferentes sectores, según las palabras del diputado de la formación morada.

Más allá del debate acerca de la guerra entre el taxi y el VTC, me llama la especial atención el fenómeno de la “uberización” de la economía. Según Unidos podemos, consiste en un modelo económico donde las grandes empresas arrasan a otras más pequeñas con nuevas fórmulas en la estrategia de servicio o producto y, también, nuevas fórmulas en términos fiscales, entre otras. Tras la batalla de los taxistas y las movilizaciones en Madrid o Barcelona, este fenómeno se ha puesto de relieve adquiriendo mucha fuerza en el discurso político, siendo bastante probable que coja más fuerza aun en el futuro. Sin embargo, este fenómeno que ahora se ha colado en el mensaje político, lleva existiendo mucho tiempo en nuestro país.

Más allá del taxi, miles de pequeños negocios se han visto en una situación de completa desventaja desde hace muchos años contra grandes empresas. Hagamos memoria. En 1973,La firma francesa La Henin, obtenía unos terrenos en el mítico Barrio del Pilar madrileño, sobre los cuales iban a instaurar un centro comercial, el primero en Madrid, que supondría una revolución a diferentes niveles, pudiendo los madrileños ir al cine, cenar, tomar un helado o jugar a las recreativas, todo en un mismo sitio. Este hecho, que a día de hoy todos tenemos normalizado, provocó la fuerte oposición de varios comercios del barrio, que veían en este gigante una amenaza a sus negocios de toda la vida. Por supuesto, el proyecto siguió adelante y 10 años más tarde se inauguró La Vaguada.
De esto hace unos 30 años. Muchos negocios siguieron adelante y otros muchos, seguramente, tuvieron que cerrar. Es algo que desconozco. Pero si algo hay de cierto en todo esto es que las grandes empresas llevan poniéndoselo muy complicado a los pequeños negocios desde hace mucho tiempo. De hecho, paradójicamente, ni los propios gigantes se libran de la uberización. Hace unos meses, máximos responsables del Corte Inglés pedían “reglas homogéneas” a la hora de competir en el libre mercado, tras la instauración de las primeras tiendas físicas de amazon.

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A mi juicio en el caso de los taxis es algo diferente, pues no son precisamente un pequeño negocio, pero es un debate en el que no me voy a meter. Los centros comerciales fueron uno de los primeros síntomas del capitalismo en su máximo esplendor. Más allá de frenarse, siguió extendiéndose de forma constante. En el sector de la hostelería, hace ya años nacieron diferentes tipos de negocios que tenían como factor clave una estrategia de precios bajos y ventajas de economías de escala. Franquicias con cientos de locales en toda España podían permitirse poner jarras de cerveza a un precio el doble, o más si cabe, de barato que el de la competencia.Otro hecho que fue una pesadilla para muchos fue la aparición de la crisis económica del 2008, que vino a acentuar más la desigualdad entre grandes empresas y PYMES.

Los hosteleros no pararon todo Madrid, ni Barcelona ni ningún otro sitio, aunque tal vez lo deberían haber hecho, pues el día que la hostelería proteste y grite el país quedará paralizado y asustado. La hostelería no gritó, siguió trabajando, como siempre ha hecho. Los bares y restaurantes se reinvetaron sobre la marcha. Aparecieron las cartas de las tapas, las ofertas en días puntuales y los descuentos en comidas y cenas. Como siempre, muchos negocios cerraron y otros tantos siguieron en pie aguantando la tormenta. Muchos florecieron, haciéndose fuertes en la adversidad. La hostelería lleva sufriendo muchos años la “uberización” y su respuesta ha sido reinventarse y trabajar, con muy buenos resultados en algunos casos.

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A todo este fenómeno tenemos que sumarle el aliciente tecnológico, el cual ha hecho, como en el periodismo, trastocar por completo el sistema tal y como se entendía hasta el momento sumiéndolo en una grave crisis que todavía hoy perdura. La mayoría de los diarios ofrecen sus contenidos gratuitos en sus versiones digitales. Con este modelo la publicidad online adquiere un gran poderío y hace que muchas noticias expuestas en las redes sociales atiendan más a criterios económicos que informativos. Las noticias y contenidos de los diarios tienen que ser rentables antes que informativas, con titulares engañosos en muchas ocasiones que buscan un click fácil.

Como en la hostelería, en muchos otros sectores las pequeñas empresas han tenido que luchar contras los gigantes empresariales que parten con cinco goles de ventaja al empezar el partido. La respuesta de los trabajadores y autónomos ha sido variada, unos han trabajado el doble y otros han hecho piquetes. De los primeros, los resultados  han sido variados, a veces negativos, pero otras muchas positivo. De los segundos, la cuestión está en el aire. Tal vez venga bien un poco de acción. O no.

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