Expectativas y contingencia del cambio

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Cómo pueden explicarse las diferentes revoluciones que han ocurrido a lo largo de la historia? Un proceso inesperado en el que la sociedad dice basta y saca las garras en una postura de indefensión absoluta. Ciñéndonos a nuestra área de análisis, uno de los principales motivos por los que las revoluciones sociales se producen son la diversidad de fuentes de opinión ciudadanas.

La opinión pública oficial no es la única y en ocasiones muchos ciudadanos pueden generar una ola inusitada de cambios. La comunidad y la unión del pueblo hace que se rebajen los costes de la discrepancia y aumenten los sentimientos de hermandad y movilización. Las primaveras árabes fueron un buen ejemplo.

Los protagonistas de estas revueltas fueron principalmente países que se alinean en torno al norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Egipto), además de Siria y otros más alejados como Yemen.

La situación de todos estos países es demasiado complicada. Corrupción, falta de derechos, supresión de muchas libertades individuales y gobiernos de cortes autoritarios muy ligados a la religión. También hay que señalar la fuerte pobreza a la que están sometidos muchos de los territorios.

En Túnez saltó la chispa que encendió la mecha. Mohamed Bouazizi se inmoló como protesta al desmantelamiento de su puesto de fruta en diciembre de 2010. En los veinte primeros días de enero las revueltas llegaron a Líbano, Jordania, Mauritania o Sudán. Egipto comenzaría su revolución en la plaza Tahrir.

Esta plaza se convirtió en un símbolo de libertad para los egipcios. El lema “pan, libertad y justicia” consolidó la unión del pueblo que, por primera vez desde hacía mucho tiempo, miraba al futuro con esperanza.  Si bien este capítulo de la historia fue posible fue gracias a jóvenes como Bassem Tamrim, un joven informático que empezó a entender la política como algo más que un juego. Las reuniones clandestinas en los cafés del barrio de la Bolsa, en las que se fumaba sin parar, con los sudores fríos de los que traman algo grande, fueron decisivas para el país de los faraones.

Pese a la opresión y las duras condiciones a las que estaban sometidos la sociedad egipcia, tunecina o jordana, se produjo un giro radical en la opinión pública esperada (OPE) haciendo que el sentimiento mayoritario de dichos pueblos fuera alzarse contra sus gobernantes. Por lo tanto, el umbral donde los ciudadanos falsean sus preferencias quedó muy reducido, pues la gente perdió el miedo  a expresarse en contra de la opinión pública dominante.

Cuando los ciudadanos de los Estados árabes presionaron a otros ciudadanos para que fueran escuchados y así se les dé la razón a los primeros. Siguiendo esta línea, las opiniones desfavorables se acumulan hasta un momento dónde la oposición a la opinión pública dominante se hace considerable. A su vez, los puntos donde coinciden la opinión pública actual y la opinión pública esperada, son los equilibrios dónde las expectativas de expresión de la ciudadanía se cumplen.  Es decir, si estimamos que el 40% de la opinión pública esperada está en contra del régimen de Mubarak y, efectivamente, se demuestra que la oposición a la posición del gobierno es del 40%.

 

 

Pero la realidad resulta algo más compleja. Pueden existir varios puntos de equilibrio, estables, inestables y unánimes. Así lo demuestra el segundo gráfico. Se observan varios puntos de equilibrio que a su vez son inestables. Por ejemplo, con 60 puntos en el eje horizontal vemos como se produce un punto de equilibrio muy inestable, en el cual el mínimo hecho declinará la curva al alza o a la baja. En el caso de las primaveras árabes, este podría ser un símil al punto en el que se encontraban los países antes de los procesos revolucionarios. El 60%  de la población pudiera ser opuesta al régimen y a su vez era el 60% de la opinión pública esperada. La inmolación de Mohamed Bouazizi detonó el sistema y provocó una curva de difusión ascendente, generando cambios imprevisibles y logrando una oposición unánime.

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